Relato – Tu mejor amiga

Ojalá pudiera decirte algo ahora mismo…Ojalá pudiera explicarme de la misma manera que tú…Te diría tantas cosas…

Aunque todo lo que quiero expresar, se resumiría en 2 simples palabras…GRACIAS Y…PERDÓN.

Gracias, por haberme salvado la vida hace ya 13 años, gracias por haberme acompañado durante todos ellos, por haberme hecho formar parte de tu vida, de tu día a día, de tu propio ser.

Gracias por haber confiado en mí incluso cuando no me conocías demasiado, por amarme desde el primer momento y demostrármelo, por cuidarme y defenderme ante cualquier peligro, por curar las heridas de mi cuerpo y en especial, las de mi alma.

Gracias por ayudarme a superar mis miedos más profundos, por haberme enseñado a confiar en mí y en los demás, por demostrarme que hay personas buenas, que la vida a veces te da segundas oportunidades…Gracias por ser mi segunda oportunidad.

Gracias por todo lo que me has dado durante todos estos años.

Y perdón…perdón por tener que irme tan pronto, por tener que decirte adiós, y hacerte daño con ello.

Perdóname, no creas que me voy porque yo lo elijo… simplemente, no tengo otra opción. Aunque me gustaría que supieras que me quedo tranquila, que me voy realmente feliz, pensando y recordando todo lo que hemos vivido juntas, satisfecha por todo lo que hemos conseguido.

Espero que algún día comprendas que no me iré jamás del todo, que siempre permaneceré a tu lado aunque no lo creas, aunque no me veas, siempre estaré ahí, cuidándote.

Te quiero. Te quiero con todo mi corazón.

***

13 años antes

Me dejó allí cuando aún había luz en el cielo, y me dijo que le esperara y que no me moviera, que volvería enseguida a por mí. Tenía mucho miedo y no sabía dónde estaba, así que le obedecí, con la esperanza de que viniera enseguida.

El cielo azul empezó a tornarse cada vez más oscuro, hasta que llegó la noche, y con ella el frío. Aun así no me moví de mi sitio. Tenía miedo de que no me encontrara cuando volviera a por mí.

Empecé a preocuparme cada vez más al ver que se hacía de día de nuevo y que él no daba señales de vida. Pensé que le había pasado algo, o que quizás estaría molesto conmigo.

La verdad es que últimamente no me había portado muy bien y le había desobedecido. Pero me gustaría que supiera que no lo hacía a propósito, que simplemente, a veces no conseguía entender lo que él me quería decir. Era un cúmulo de malentendidos que acaban en un duro castigo para mí.

Ayer, por ejemplo, me gritó por salir a correr un rato por el barrio, luego me golpeó con una barra de madera hasta que me hizo sangre, y me dejó todo el día encerrada en el garaje.

Siempre había sido duro conmigo, pero últimamente los gritos y los golpes habían ido a más. A pesar de todo esto, yo sabía que en el fondo él era bueno, que estaba pasando por un mal momento, y que me quería, como yo le quería a él. Solo tenía que aprender a comportarme y dejar de hacer las cosas mal, y el sería bueno conmigo.

Habían pasado ya varios días y yo seguía sin moverme de mi sitio, esperando a que él regresara. Cada vez me sentía más cansada y deprimida, incluso el hambre que sentía los primeros días, había acabado por desvanecerse.

No quería dormir, necesitaba estar atenta, pero inevitablemente se me cerraron los ojos, lentamente, hasta que entré en un profundo sueño.

Al cabo de unos minutos, o unas horas, quien sabe, empecé a escuchar una voz que se acercaba cada vez más a mí. Era una voz dulce, femenina, y parecía que me estaba llamando.

Empecé a temblar de miedo, pero estaba tan débil, que ni si quiera pude echar a correr. Me acurruqué todo lo que pude mientras le suplicaba con mi mirada que no me llevara a ningún otro lugar, que no me hiciera daño.

-Eh, pequeña, no pasa nada. Solo quiero ayudarte, tranquila, no tengas miedo ¿tienes hambre?

La chica sacó algo de una bolsa y me lo acercó para que lo oliera. Tenía tanta hambre que lo cogí, a pesar del miedo y la desconfianza que se apoderaba de todo mi ser. Además, olía deliciosamente.

De manera casi involuntaria, empecé a mover la cola cuando ella me ofreció más comida. Entonces, ella se agachó y me cogió en brazos.

-Oh, pero mira cómo estas… ¿Cuánto tiempo has pasado aquí, pequeña? ¿Quién te ha hecho todas estas heridas? Pobrecilla…Te vas a venir conmigo, te voy a dar comida y agua, un buen bañito y luego te llevaré al veterinario. Nunca volverás a pasar hambre ni frío, preciosa. Nunca nadie más te pondrá una mano encima.

No entendí nada de lo que me dijo, a excepción de algunas palabras sueltas como “comida” y “agua”, que ya había escuchado antes de él, pero noté un sentimiento de pena y rabia en ella.

Empecé a darme cuenta de que ella me estaba llevando lejos del lugar en el que tantos días había estado esperando a mi amo, pero también comprendí que él no volvería a por mí, que me había abandonado. Además, pude notar en ella un profundo amor que nunca antes sentí, así que me fié de mi instinto, y dejé que me llevara con ella sin poner ninguna objeción. Decidí confiar en ella.

Me costó un poco adaptarme al que parecía que sería mi nuevo hogar. Pero más me costó acostumbrarme al nuevo trato que ella me daba, tan diferente del que había recibido de mi anterior amo.

Cuando ella acercaba su mano hacia mí, yo agachaba las orejas y empezaba a temblar de miedo, ya que para mí eso significaba que me había portado mal, y que iba a recibir mi castigo. Sin embargo, ella no me castigaba, ni me gritaba. Ella ponía su mano sobre mi cabeza y acariciaba mi pelaje mientras me decía cosas en un tono amable y cariñoso. Ella me abrazaba fuerte y me besaba en la cabeza.

Mi nuevo hogar también era muy diferente del anterior. En mi otra casa, yo pasaba la mayor parte del día encerrada en el garaje, o en un pequeño balcón en el que tampoco se me permitía ladrar a pesar de estar al aire libre. No tenía casi espacio para moverme. En verano pasaba mucho calor y en invierno me congelaba de frío.

Sin embargo, mi nueva casa era totalmente diferente, y las nuevas normas también. Tenía un espacioso salón con un gran sofá en el que sí se me permitía subirme. Un jardín precioso y grande repleto de flores en las que yo marcaba continuamente para captar la atención de los perros que pasaban cerca. Una habitación con una cama gigante en la que dormía cada noche junto a ella. Y lo mejor de todo, una cocina repleta de comida que mi nueva ama y amiga compartía conmigo.

Ella me sacaba a pasear cada día. Y no sólo una vez, ¡Me sacaba 4 veces al día! Me dejaba jugar con otros perros, olisquear a otras personas que eran muy amables conmigo y que casi siempre olían a perros o gatos, y marcar mi territorio por todos lados.

A veces, cuando salíamos a pasear, me llevaba a una especie de parque vallado en el que los perros iban sueltos y jugaban entre ellos. Allí, jugaba hasta que no podía más. Casi siempre elegía jugar con los perros más grandes, ya que, como yo también era bastante grande, podía tirarme encima de ellos bruscamente, y ellos encima de mí. Los perros más pequeños, casi siempre terminaban huyendo de mis grandes y ágiles patas.

Otras veces me llevaba a una montaña grande que había cerca de nuestra casa, y allí jugábamos a perseguirnos la una a la otra, aunque yo siempre ganaba, puesto que corría mucho más. También me tiraba una pelota para que yo fuera corriendo a recogerla. Cuando le devolvía la pelota, ella me la tiraba otra vez, y yo la recogía de nuevo para entregársela.

Me encantaban todos esos juegos, y me encantaba poder sentirme libre, poder oler la naturaleza, el aire fresco, el césped mojado cuando llovía, y sobre todo, los orines de los demás perros. Empezaba a descubrir lo que de verdad significaba ser un perro normal.

Antes de conocerla a ella, pensaba que mi nombre era “Perro asqueroso”, ya que así me llamaba él. Pero ella me puso un nombre que me gustaba mucho más, “Tina”. Ella decía que mi nombre significaba que era una perra leal y valiente, y que lo había elegido especialmente para mí.

Mi ama, o más bien mi mejor amiga, mi compañera, mi madre humana, se llamaba “Alma”. Me pareció un nombre muy bonito y puro, un nombre que le quedaba muy bien.

Con el tiempo, conseguí adaptarme por completo a mi nueva vida y me di cuenta de cuánto me encantaba y de lo feliz que me sentía.

A veces, tenía unas horribles pesadillas de mi anterior vida, en las que él aparecía y me hacía daño. Otras veces soñaba con el día en el que me abandonó, pero no podía ver su cara, porque ya ni la recordaba. Solo veía como se marchaba y me dejaba a sus espaldas mientras yo esperaba y esperaba a que él regresara.

Pero cuando despertaba, con mi cabeza recostada en el regazo de Alma, volvía a la realidad y me daba cuenta de que todo eso solo había sido un mal sueño, que esos recuerdos se alejaban cada vez más de mi mente, que se llenaba de nuevos y maravillosos momentos junto a ella. Tenía una nueva vida, una nueva amiga, una nueva oportunidad para ser feliz. Y en los ojos de Alma, cada vez que me miraba, percibía un profundo sentimiento de amor que me llenaba de esperanzas, de ilusión, de tranquilidad y de placer, que me curaba el alma.

-Cómo te quiero mi pequeña Tina ¡¿Qué haría yo sin ti?! – Me decía ella con una gran alegría en su rostro.

Había conocido por fin la verdadera felicidad, el verdadero afecto, el verdadero amor. Y me había dado cuenta de que Alma se había convertido en lo más importante para mí. En mi razón de ser. Me había dado cuenta de que la amaba más que a nada en el mundo, y de que daría mi vida por ella, si fuera necesario. Me había dado cuenta de que además, ella sentía lo mismo por mí. Jamás nos separaríamos la una de la otra.

Era amor, amor verdadero, el más profundo amor que podía existir en este mundo lleno de injusticias y de dolor, lleno de cosas malas, aunque también buenas, como ella.

Pasaban los años y las cosas iban cambiando, avanzando, tomando un rumbo diferente. Pero siempre juntas.

Primero, Alma conoció a Liam, un hombre que aparentaba ser de la misma edad que ella. Cuando estaban juntos, podía escuchar como sus corazones se aceleraban y podía oler el sudor de sus manos. Liam venía a casa cada vez más a menudo, y Alma se ponía muy feliz.

Al principio, él me daba miedo por el hecho de ser un hombre, pero poco a poco me fue demostrando que él no era como mi anterior amo, que él era bueno y amable con Alma y conmigo. Creo que me quería, porque me acariciaba de la misma manera que lo hacía Alma, me besaba y me susurraba palabras con tono amable.

-¿Quién es la perrita más mimada del mundo, eh Tina? ¿Quién? ¡Eres tan buena y tan guapa y tan dulce y tan todo!

Yo movía la cola cada vez que él me decía esas cosas. En realidad, me pasaba el día moviendo la cola por todo lo que Liam y Alma me decían, y por el afecto que me demostraban constantemente.

Con el tiempo, Liam se quedó definitivamente con Alma y conmigo en nuestra casa, y ya éramos una familia. Me sacaban a pasear juntos, jugaban conmigo los dos, me daban de comer de su comida, me dejaban dormir en la cama con ellos, me acariciaban y me mimaban. Me querían, nos queríamos.

Pero parecía que esa vida no le iba demasiado bien a Alma, porque al cabo de un tiempo, ella comenzó a engordar y a engordar, cada vez más. Además, ella empezó a sentirse cada vez peor, y no paraba de vomitar y de quejarse por los dolores que tenía en la espalda, en los pies, y en el vientre. A pesar de todos esos malestares y de su cambio físico, que para mi gusto, le quedaba muy bien, ella se sentía especialmente feliz, y Liam también.

Liam le tocaba la tripa y los dos se reían. Después se miraban y lloraban de alegría. Se besaban y se volvían a reír.

-Tina, ven, acércate, pronto podrás conocer a Chloe. Pronto seremos 4 ¿Vas a querer mucho  a Chloe? ¿Vas a protegerla, verdad? Estoy segura de que lo harás, mi pequeña.

Me acerqué, como Alma me había pedido, y mientras me hablaba, puso mi pata en su gran barriga. Entonces noté un movimiento extraño, así que automáticamente quité mi pata de su barriga y me puse a ladrar, desconcertada. Alma y Liam se echaron a reír. Yo me dejé llevar por esa alegría que ambos sentían y empecé a dar saltos, a ladrar más y más, y a mover la cola con mucha fuerza.

Al cabo de no mucho tiempo, Alma se fue durante unos días, porque empezó a tener unos dolores muy fuertes en su barriga. Ya sabía yo que no podía ser bueno que hubiera crecido tanto. Yo me quedé en casa muy preocupada, esperando a que ella volviera junto a Liam, que se había ido con ella.

En esos días, cada vez que Liam venía a verme, a sacarme a pasear y a darme comida, me di cuenta de que olía diferente. Liam tenía pegado a su ropa y a sus brazos un olor especial y muy agradable. Además, parecía estar de muy buen humor.

Llegó el gran momento en el que Alma por fin regresó a casa. Se mostraba muy feliz y su gran barriga se había hecho mucho más pequeña de nuevo. En sus brazos llevaba lo que parecía ser una persona muy pequeña. Entonces entendí de dónde procedía ese agradable olor que emitían tanto Liam como Alma. Era de esa personita, que según me dijo Alma, era un bebé y se llamaba Chloe.

Alma me acercó al bebé Chloe y yo le olí. Le lamí la cara para mostrarle mi aceptación y mi afecto, (y porque olía especialmente bien) y Alma me alabó y me acarició. Chloe me miró mientras en su cara se dibujaba una gran sonrisa de bebé y alargaba sus pequeñas manos para tocarme. Yo me dejé alcanzar por la niña, que me agarro una oreja suavemente y se empezó a reír cada vez más y más. Nunca antes había escuchado una risa así, tan tierna, tan sincera, tan inocente. Me cautivó.

En ese momento yo sentí cómo mi corazón se aceleraba y cómo en mi interior se despertaba un nuevo sentimiento muy parecido al que siempre sentí con Alma, pero más profundo aun. Me di cuenta de que tenía que proteger a esa pequeña, pasara lo que pasara. Me di cuenta de que amaba a Chloe, como amaba a Alma, como amaba a Liam. Me di cuenta de que ahora éramos una familia completa, que no nos faltaba nada, que no nos faltaba nadie.

Los años iban pasando, Chloe iba creciendo y aprendiendo nuevas cosas. Las dos aprendimos la una de la otra, nos volvimos inseparables. Chloe jugaba conmigo a cada rato, me abrazaba, me hablaba, se reía conmigo. Juntas nos revolcábamos por el suelo mientras ella reía y reía. Se dormía con su cabeza posada sobre mi lomo y suspiraba. Era un suspiro lleno de amor que yo también compartía con ella.

Pero, por desgracia, los perros tenemos una vida corta. Así que mientras yo veía como Chloe crecía rápidamente, cómo Alma era la mujer más feliz del mundo con una vida plena y justa para una persona como ella, y cómo Liam mimaba a sus chicas (incluida yo)… también notaba cómo mi vitalidad y mi fuerza se hacía cada vez menos visible, al contrario de mis dolores.

Alma se sentía triste cada vez que me miraba y se daba cuenta de que mi fin se acercaba. Me prestaba toda la atención del mundo, me besaba, me abrazaba, y lloraba mientras me dedicaba muchas palabras.

-Aih, Tina… ¿Qué voy a hacer yo sin ti? ¿Podré superar que te vayas de mi lado para siempre? Hemos vivido tantas cosas juntas…

Me salvaste, Tina. Aunque parezca que fue del revés, tú me salvaste a mí. Apareciste en un momento de mi vida en el que yo no me encontraba a mí misma, en el que sentía que me faltaba algo, no podía ser feliz.

Luego te vi ahí, sola y aterrada, delgada, helada de frío, y supe que tenía que llevarte de ahí, que tenía que darte un hogar, una vida mejor.

Me enamoré de ti, de tu ternura, de tu fragilidad, de tu lealtad, de tu triste mirada, que me decía “necesito que me quieras” a pesar de que estaba llena de temor. Llenaste mi vida, la completaste. Y me propuse cambiarte esa triste mirada, por una mucho más alegre, por una llena de amor.

Me parecías una perrita tan leal y tan valiente, que quise que tuvieras un nombre especial, un nombre que significara lo que tú eras, que te representara.

Me costó tanto conseguir que te adaptaras, me dolía tanto cada vez que agachabas la cabeza, temerosa, cuando yo acercaba mi mano para acariciarte. Pero poco a poco, con mucho cariño, con mucho amor, con mucha verdad, conseguí que me quisieras, que confiaras en mí.

Cada vez que llorabas mientras soñabas, cogía tu cabecita y la ponía en mi regazo. Después te despertabas, me mirabas, suspirabas y te volvías a dormir. Ya no volvías a llorar.

Sabía lo feliz que te hacía jugar con otros perros, correr por la montaña, coger la pelota…sabía que nunca nadie te había hecho jugar así, que nadie te había dado alimentos deliciosos, que nadie te había acariciado ni besado jamás. Sabía que si hacía todo eso contigo, te daría la oportunidad de ser feliz, de confiar en las personas, de confiar en ti misma, de amar y ser amada incondicionalmente.

Sabía que tú merecías la mejor vida que se pudiera tener, y también sabía que yo te la iba a dar, lo deseaba con todas mis fuerzas.

Me alegré mucho, fui muy muy feliz cuando empezaste a confiar en mí, cuando empezaste a ser tu misma, a saltar, a correr, a ladrar, sin miedo a ser regañada ni maltratada. Fui sumamente feliz cuando me empezaste a querer tanto como yo te quería a ti.

Sabía que entre nosotras se estaba formando un amor incomparable a cualquier otro. Un amor único y precioso que jamás cambiaría, que jamás desvanecería.

Fuiste tan buena con Liam, le aceptaste tan rápido que hasta me sorprendió. Tú sabías que él me hacía feliz, lo comprendiste, y a ti también te hizo feliz.

Y cuando llegó Chloe…

Te convertiste de inmediato en su protectora, en su mejor amiga, en su compañera de juegos, de vida. Se notaba tanto amor entre vosotras, que no podía evitar llorar de felicidad.

Chloe te echará de menos, Tina. Liam también. Todos te echaremos de menos…

¿Podré vivir sin ti? Te recordaré siempre. Nunca me olvidaré de ti. Tú siempre serás mi Tina, mi ángel, mi preciosa y leal perrita.

Pasaron unos pocos días y mi estado de salud había empeorado bastante. Alma, Liam y Chloe, me llevaron al veterinario. Se mostraban muy tristes. Yo comprendí que había llegado mi momento, mi fin, que tenía que decir adiós.

Me sentía muy feliz por la vida que había tenido junto a mi familia. Hacía años que no pensaba en mi primer amo y en lo que me hizo sufrir. Alma, Liam y Chloe habían conseguido que lo olvidara por completo. Era la perra más feliz del mundo.

Me abrazaron en mi último suspiro, me besaron, me dijeron “Te quiero”, y noté como se esfumaba mi vida, como se llenaba todo de oscuridad, de una oscuridad hermosa, llena de caricias y amor, llena de felicidad.

Mis últimos pensamientos fueron dirigidos a Alma, Liam y Chloe. Mis últimas palabras (en mi mente), fueron dirigidas a mi querida Alma, a mi heroína, a mi madre adoptiva:

Ojalá pudiera decirte algo ahora mismo…Ojalá pudiera explicarme de la misma manera que tú…Te diría tantas cosas…

Aunque todo lo que quiero expresar, se resumiría en 2 simples palabras…GRACIAS, Y…PERDÓN.

 

FIN

By Noelia Pedraza Cordones.

 

***

Si has leído este relato, estoy muy agradecida, y espero que te haya encantado y conmovido. Decidí escribirlo para expresar mis sentimientos hacia los animales y para contar una historia que está basada en muchos casos reales (ya que por desgracia, el abandono ocurre, y mucho). Espero que hayas experimentado diferentes emociones con él, espero que te hayas acordado de tu perro o perra, si es que lo/a tienes o lo/a has tenido. Espero que después de haberlo leído, sientas mucho más el amor que pueden proporcionarte, el amor que puedes proporcionarles tu a ellos.
 
Dicho esto, me gustaría añadir, que si no has pensado nunca en adoptar un perro o un gato, te recomiendo que lo hagas. Hay miles y miles de animales que desean tener una familia, que desean ser salvados, como lo fue Tina. Hay miles de casos diferentes, miles de segundas oportunidades que puedes dar, miles de vidas que puedes salvar.
 

***

Te dejo a continuación una ilustración que he realizado para el día de los galgos y dos canciones preciosas. 

 

La primera canción, de Queen, es una canción dedicada a la gata de Freddie Mercury, a la que él adoraba.

 

La segunda, es una canción de los Beatles, que escribió Paul McCartney, dedicada a su perra.

 
 
Gracias por leerme 🙂

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